Durante los 80 era impensable salir de casa sin antes haberte calzado tu "Casio" digital.
De plástico o de acero, no eras nadie si no llevabas uno. Los hubo de muchos modelos, con más o menos funciones y de muchos colores.
Eso sí, tenía que tener lucecita y cronómetro para pasarte horas dándole a los botones que había que entretenerse con algo (es que en esa época no teníamos la Nintendo DS y similares).
Era el regalo de primera comunión por excelencia (yo aún conservo el mío). Y como en aquella época tampoco había tiendas de chinos, pues íbamos a Andorra a comprarlos que allí iban tirados de precio.




